21 dic. 2010

ERNESTO SÁBATO: INFORME SOBRE GENIOS


Se trata, simplemente, de encontrar una excusa para hablar sobre Ernesto Sábato, un modelo de personalidad y compromiso, como homenaje a su ser y a su filosofía.Todo hace pensar que la Tierra va en camino de transformarse en un desierto superpoblado... Este paisaje fúnebre y desafortunado es obra de esa clase de gente que se habrá reí­do de los pobres diablos que desde hace tantos años lo vení­amos advirtiendo, aduciendo que eran fábulas tí­picas de escritores, de poetas fantasiosos. (Antes del fin)

Ernesto Sábato nace en Rojas, un pueblito de unos 5000 habitantes en la Provincia de Buenos Aires, fruto de la unión entre Juana Marí­a Ferrari y Francisco Sábato. Fue el décimo de once hijos. Se casó con Matilde Kusminsky Richter, con quien tuvo dos hijos: Jorge Federico (1938 - 1995) vicecanciller y ministro de Educación durante el gobierno de Raúl Alfonsí­n, que falleció en 1995 en un accidente automovilí­stico; y Mario (1945), Director de cine y televisión. De ellos conforma una descendencia de seis nietos y un bisnieto.Ernesto se ha relacionado con la ciencia, el existencialismo, la literatura, el surrealismo, la polí­tica, las artes plásticas; en fin, ha sido y es, un hombre multifacético con un único compromiso que es su férreo ajuste a su conciencia.
"...Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras, y sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el perí­odo que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Únicamente así­ podremos estar seguros de que NUNCA MAS en nuestra patria se repetirán los hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado..."
La envergadura de su prólogo del informe sobre desaparecidos Nunca Más, es una muestra acabada de su calidad literaria, paradigmática, de la profundidad de su pensamiento, de su reflexión y por sobre todo, de su compromiso con la realidad de su tiempo, de su conceptualización sobre el bien y el mal. Mientras la cantidad de su manufactura de ficción no ha sido abundante, El Túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961), Abaddón el exterminador (1974), si lo han sido sus escritos relacionados con el pensamiento y la filosofí­a conforme a una reflexión privilegiada, un optimismo amargo y un sufrimiento hasta el hueso, de lo que le ha tocado vivir. Sus ensayos: Uno y el universo (1945), Hombres y engranajes (1951), Heterodoxia (1952), El otro rostro del peronismo (1956), El caso Sábato: Torturas y libertad de prensa. Carta abierta al general Aramburu (1956), El escritor y sus fantasmas (1963), Tango, discusión y clave (1963), Pedro Henrí­quez Ureña (1967), Tres aproximaciones a la literatura (1968), Carta a un joven escritor (1975), Diálogos (con Jorge Luis Borges) (1976). La cultura en la encrucijada nacional (1976), Apologí­as y rechazos (1979), Los libros y su misión en la liberación e integración de la América Latina (1979), Nunca Más. Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) (1985), Entre la letra y la sangre (1988), Querido y remoto muchacho (1990), Antes del Fin (1998), La resistencia (2000), lo colocan entre los principales pensadores del siglo XX. Se declararon fanáticos de Sábato autores como Albert Camus y Graham Greene. Han aparecido diferentes artículos publicados en libros, periódicos y revistas, de gran valor documental como: Sobre el arte abstracto; Soberanía para carniceros; ¡Viva Eichmann, mueran los judíos!; Tango, canción de Buenos Aires; A propósito de Antonio Berni; Sobre la existencia del infierno; Homenaje a Ernesto Guevara; ¿Quiénes podemos ser argentinos?; Seamos nosotros mismos; Hombre y mujer; Anotaciones sobre Malraux, precedidas por una carta; Respuestas al "Cuestionario Proust"; Defensa de la nación vasca; Discurso en la entrega del Premio Cervantes 1984; Sobre el drama de nuestra civilización; Sobre Borges; Ni leyenda negra, ni leyenda blanca; La gran poesí­a de un pueblo injustamente humillado. Como puede apreciarse de estos tí­tulos, la diversidad y múltiple enfoque hacen de su inteligencia una herramienta excelsa y privilegiada.
Ernesto Sábato (1999) Óleo 73 x 60 cm Autor: Álvaro Delgado - http://www.diputaciondevalladolid.es/arte_valladolid/1/58/artista.shtml

9 sept. 2010

Avanzan las publicaciones digitales

Finalmente comienzan a aparecer las revistas digitales y la opción de tener materiales de alta calidad en nuestras computadoras o e-books, a precios más accesibles, con cierta inmediatez y a tiro de un click, resultan claves para el negocio editorial del futuro.

Hoy por 4 euros en España, podés encontrar kioscos virtuales que te entregan al instante tu revista favorita.

Pero en Argentina ¿Cómo andamos?

Contestá por favor la pregunta del cuestionario. Estoy seguro que los resultados nos van a sorptender.

Marcelo Urbano

26 jun. 2010

Canchas de Papel

El fútbol es un género literario en sí mismo desde los cuentos de Roberto Fontanarrosa, Osvaldo Soriano y Eduardo Sacheri, entre otros. No sólo existen autores a los que ya se identifica con la literatura futbolera, sino también comienzan a aparecer editoriales exclusivamente dedicadas a publicar libros de fútbol como Ediciones Al Arco.
José Pablo Feinmann, Alejandro Dolina, Horacio Salas, Rodolfo Braceli, Liliana Heker, Mempo Giardinelli, Fabián Casas y tantos otros han jugado en la cancha de papel, es decir en el estadio imaginario donde convive la ficción con el deporte y se juega por los puntos.















Dice Juan Sasturain: "El fútbol es lo que más se parece a la vida: por el tipo de relaciones que se establecen dentro de la cancha, por lo que tiene de poco reglado, por su alto grado de imprevisibilidad. En la cancha, como en la vida, nunca se sabe lo que puede pasar. En un partido, contra todos los pronósticos, el piojo resucitado te puede abrochar en el último minuto, y ahí está la gracia: todo el mundo siente que puede llegar. El fútbol es uno de los espacios en que cabe hablar de épica: la victoria, la derrota, la figura del héroe, los valores ahí tienen vigencia. Cuando Borges decía que había encontrado en la literatura policial de los años 30 el refugio último de la épica, se equivocaba. Él no estaba capacitado por condición y por elección ideológica para ver este otro fenómeno: el del fútbol".
A propósito de este comentario, sucede que Jorge Luis Borges sostenía que el fútbol era "una cosa estúpida de ingleses...

Un deporte estéticamente feo: once
jugadores contra once corriendo detrás
de una pelota no son especialmente hermosos".


Pero como en la religión, negar su existencia ratifica que existe. Borges no deja de ser Borges incluso cuando desdeña al fútbol. El oficio de los escritores está impregnado de sentimientos de hincha apasionado y la literatura evolucionó hacia este interesante mercado editorial en que se intelectualiza la magia del balompié. Quizá el relato metafísico del gol a los ingleses en la voz de Víctor Hugo Morales y la creación romántica del “Barrilete Cósmico” improvisado de apuro pero desde el alma y con lágrimas en los ojos, sea el paradigma de una cultura que se codea con la plebe, en un acto igualitario: el fútbol tiene el poder de poner en la misma grada al que se come las eses con el que escribe cuentos para multitudes. Y lo que es mejor, nadie se los reprocha.

"Lentamente ascendió el balón en el cielo.
Entonces se vio que estaban llenas las tribunas.
Habían dejado solo al poeta bajo el arco,
Pero el árbitro pitó: Fuera de juego".
Günter Grass

Osvaldo Soriano, elucubró una fantasía en la que los mapuches jugaban una final del Mundial en la Patagonia; les dio encarnadura a los técnicos Orlando el Sucio y al Mister Peregrino Fernández, descubrió al hijo de Butch Cassidy trabajando de árbitro y soñó con el penal más largo del mundo. Sin embargo afirmaba que “los intelectuales detestan el fútbol”.



















No obstante, contradictoriamente, él fue un intelectual aunque se negara a afiliarse a ese dominio, adoró a su San Lorenzo de Almagro y hasta recibió como caricia del destino el homenaje de que exista un club con su nombre: Osvaldo Soriano Football Club. Pareciera que el destino nos hace primero hinchas de fútbol, luego escritores y, como resulta muy difícil la correlatividad, prevalece la autonegación del intelectual que se lleva adentro: “como va a ser intelectual si le gusta el fútbol”.
Quizá lo más interesante sea que el fútbol puede traer nuevos lectores, aunque algunos editores piensen que el fútbol no vende, sin embargo, en todo el mundo las revistas deportivas afinan cada vez más la pluma, los redactores se ponen cada vez más exigentes, invocan a Borges y a Soriano en sus notas y entonces se vuelve al apotegma circular que pregona esta nota: el fútbol también se juega en canchas de papel.

17 jun. 2010

La pelota intelectual no se mancha.

El fútbol, “dinámica de lo impensado” como dijo Dante Panzeri, es cultura y es pasión, otorga una interesante percepción social del juego, de su entorno, del impacto que tiene sobre los individuos, sobre los mercados, sobre los medios, e incluso sobre la política.
Acerca de fútbol, se habla, se escribe, se canta, se filma; diarios y revistas, libros y películas que ponen el foco en este fenómeno popular que convierte en modelo aspiracional a personas de diferentes clases sociales y culturales, los transforma en noticia o en relato, en marketing de indumentaria, en merchandising, en negocios de transferencias entre clubes. El fútbol es más grande que el juego mismo, por eso es y lo ha sido siempre, motivo de inspiración.
Hoy El Tronco de Robinson Crusoe, blog que coordina un escritor independiente, que es hincha de fútbol y admirador de algunos artistas del oficio como Maradona y Messi, se sube al espíritu mundialista para recordar a Roberto Santoro, una pluma independiente que dedicó un libro de poesía a la pasión de multitudes.
Roberto Jorge Santoro nació en Buenos Aires el 17 de abril de 1939. Fundador de la revista literaria El Barrilete y de publicaciones como Gente de Buenos Aires y Papeles de Buenos Aires, es autor, entre otros, de: Oficio desesperado (Ediciones Cuadernos del Alfarero, 1962); De tango y lo demás (Editorial Barrilete, 1964); En pocas palabras, plaqueta (Ediciones Hechas a mano, 1967) y Literatura de la pelota, recopilación sobre el tema del fútbol (Editorial Papeles de Buenos Aires, 1971) que es el asunto en cuestión.
Fue pionero en recopilar textos literarios relacionados con el fútbol, algo que con interesante repercusión realiza Alejandro Apo en su programa Radial y en sus libros y espectáculos.
Con ojos bien abiertos y oídos muy atentos le tomó al pulso a este deporte, Santoro descubrió en el fútbol un epicentro emocional con matices múltiples, explosivo a las emociones. Realizó durante años una gigantesca tarea de búsqueda y selección recorriendo librerías, bibliotecas y hemerotecas, revisando archivos, manchándose los dedos con un laborioso hojear de diarios y revistas. Asiduo a las tribunas y, según cuentan, buen jugador, tomó nota también de los cantos de las hinchadas para dejar testimonio de la creatividad popular.
Decidió desentenderse de las grandes editoriales y editó Literatura de la pelota con sello propio, Editorial Papeles de Buenos Aires, en 1971, con la certeza de ser el precursor de este tipo de trabajos y con la esperanza de que esta antología futbolera sea el puntapié inicial de futuras antologías, lo que como veremos más adelante no pudo ser.
Veamos una muestra de su poesía:

El fútbol
Roberto Jorge Santoro

Bailarín
con un pie mareador
silbador
quien lo ve
toca de a poco
en caricia
le pone al cuerpo ballet
levanta el balón
lo empuja
lo resbala
lo mima con una gana
lo enrolla con otro pie
le da una vuelta
en el aire
de taco
que ni se ve
la vuelve
le cae al pecho
que para
cae
resbala
su pierna
de forma rara
la hace morir en el pie
que la pisa
si dormida por el suelo
la toca
y levanta vuelo
la pelota y el ballet
que en avance
con un pique
le dice que se le achique
la guarda
que en el zapato
del otro que ni la ven
se da vuelta
y no la tiene
está saltando
en el aire
le dice con la cabeza
que va el otro
que la deja
que la espera en otro pie.

Roberto Jorge Santoro
Literatura de la pelota (1971)

Vaya este humilde homenaje a este verdadero precursor del empowerment literario, que se jugó los ahorros para editarse su trabajo y que hizo honor a lo que predica este blog.
Como dijimos antes Roberto Santoro no pudo seguir con su iniciativa, fue secuestrado el 1° de junio de 1977 de su lugar de trabajo: la Escuela Nacional de Educación Técnica N° 25 Teniente Primero de Artillería Fray Luis Beltrán en el barrio de Once, donde el poeta prestaba servicio como preceptor con el cargo de subjefe. Hasta hoy se encuentra desaparecido. Una plaza de Buenos Aires, en Avenida Forest y Teodoro García, lleva su nombre.

Marcelo G. Urbano

7 jun. 2010

Para ser periodista, mujer y encima, no morir en el intento

Primera nota de aporte de Morocha Urbana - Mónica Gervasoni

Diosas o demonios, las mujeres se las verán con las tradiciones familiares. Porque, cómo explicarle a la bisabuela, abuela y madre que, apenas sabremos coser, ningún poco bordar, a gatas cocinar y no abriremos ni loca la puerta para ir a jugar, a menos que hayamos terminado la nota...
Menos aún nos casaremos con ningún coronel, porque, por supuesto, no pasaremos delante de ningún cuartel. Peor aún, eligiéremos un marido acorde, otro periodista, o futuro periodista, lo cual es recontra peor, todavía. No hay nada que hacer, concluirá resignado el correlato familiar, Dios los hace, uno los cría, el viento los desparrama y ellos, ¿qué pueden hacer ellos?, se juntan.
Tener presente la incomunicación nuestra de cada día. Frente a la hoja en blanco del papel o del ordenador, nadie, inclusive el canario, pueden decir ni pío. Sospecharán que meditamos, por la baranda a sahumerio, velas pretendidas y afines. Pero no, nos estamos concentrando y rezando a cuánto santo se nos cruce por una miserable idea.
Proveerse de una artillería de lapiceras, lápices o bolígrafo, que escriban, sobre todo cuando se las solicita para tal fin. Una fiel máquina de escribir, mientras nos rompemos el alma y el bolsillo para comprar una PC para que entre otras cosas, el marido de una, ose depositar sobre la sagrada reliquia, lo que pretende le planchemos para mañana.
Servilletas, indispensables en la cartera de la dama o el bolsillo del caballero, si es que todavía quedan, los caballeros y las servilletas. Sobre todo para cuando se acaben cuadernos, agendas y afines que tienen la maldita costumbre de acabarse cuando uno más lo necesita.
Saber que en la mitología del mal agüero, no hay nada mejor para perder el humor que a una le encarguen una nota con humor. Que no hay nada mejor para hacer una, que no se disponga ni de tiempo ni espacio ni para pergüeñarla, vea Ud. Resignarse porque, a veces, solo y exclusivamente en esas condiciones surgen las ideas.
Idea, "moun amour" ..: Basta que a una se le antoje una idea, que parirla cuesta tanto como hacer arrancar un viejo Winco.
Recurrir a un buen manual de autoayuda para convocar al silencio familiar, cuando una necesita concentrarse.
Un buen y barato mataburros.
Mate. Litros de café como para quedar como brea o en el mejor de los casos, como murciélago, después de ingerirlo. Cigarrillos, por las dudas. Y un buen digestivo porque con el stress y el café no hay vesícula, ni hígado, páncreas ni estómago que resista.
Ser una, con la montaña de papeles sobre el escritorio, que para localizarnos soliciten a un San Bernardo, esos perros que suelen venir con barrilito incluido debajo del pescuezo, a ver si convidándonos de paso cañazo, logran despertarnos. ZZZZ... vamos, que solos a la madrugada, con esto de la Internet, ya no estamos tan solos.
Paciencia en solución concentrada para saber tratar a aquellos que creen que escribir es soplar y hacer botella. Y para los que no sabiendo escribir, le dicen a una, como y qué tiene que escribir. Alguien que friegue por una mientras una se auto realiza.
Saber que los propios tiempos de gestación de ideas para notas, jamás concuerdan con los del jefe de redacción que quiere título y nota en un santiamén. También, saber que no se puede dejar para mañana la nota que se puede hacer hoy, porque el grande jefe la quiere para ayer.
Soportar gajes del oficio extras, como por ejemplo, un marido gritando cual marrano, clamando un "despertar no violento", al mejor estilo mathama marido, porque pusimos todos los despertadores al mismo tiempo, con cacerola de tapa, en función de lograr despertar y sobre todo entregar, ¡puntual!
Practicar encorvamiento de espaldas, sobre escritorios, PC, máquina de escribir, cuadernos, etc. Escribir hasta que las velas no ardan. Estar con toda la parentela de guardia en el kiosco de diarios para abarajar la primera revista con nuestra nota. Resignarse a tener siempre pocos, casi ninguno, pietrodólares en los bolsillos.
Considerar que si una idea nace en disparada entre la cocina y el living, o peor aún en mitad del sueño o del kamasutra, es imposible que encima salga estructurada. Gracias al cielo que surgió. Aunque el "dorima" blasfeme. Contener los esfínteres en pleno ataque de inspiración. Y cuando sale la nota, suspirar con un: "por fin me la saqué de encima".
Toda coincidencia con la realidad fue absolutamente y deliberadamente premeditada. Se omiten nombres propios, en alianza al pellejo de la autora, en otras palabras para que no sea occisa. Joven argentina, 33 pirulos, ama de casa, de vocación periodista, es BUSCADA, porque no dimitiría de la profesión ni falta de trabajo ni guillotina mediante.
Mónica Beatriz Gervasoni

25 may. 2010

Los escritores del Bicentenario

Argentina camina ya pos sus doscientos años de historia y sus literatos son y han sido fiel reflejo de lo que constituimos como sociedad. El origen de la literatura argentina carece de rasgos amerindios que distinguen, por ejemplo, a las letras mexicanas o peruanas. Aquellos primeros cronistas extranjeros como Ulrico Schmidel, del Barco Centenera y Ruy Díaz de Guzmán, fueron los autores de la primera letra funcional a las artes, estrictamente escrita en el suelo argentino.
Por su lado Luis de Tejeda, se transformó en el primer poeta argentino. Las letras de la época colonial o virreinal, sin un estilo definido pero con reminiscencias clásicas, barrocas y hasta épicas, se gestan dentro de un entorno revolucionario en donde la independencia era el leit motiv o motivo conductor.
Con el tiempo aparecen los primero trazos de la literatura gauchesca, el estilo realista; mientras tanto, la madurez intelectual y política comienza a reflejarse en la literatura nacional a mediados del siglo XIX. José Mármol publica la primera novela argentina: Amalia. Entre tanto la poesía se vuelve hacia lo anecdótico y sentimental en Carlos Guido y Spano y Ricardo Gutiérrez. Aparecen las crónicas costumbristas y las históricas, testimoniando el sentimiento de la organización nacional. De pronto nace la generación del´80, como primer indicio de una literatura con identidad propia, cierto toque europeo y un orgullo cultural de Buenos Aires. Las corrientes inmigratorias acentúan el cambio de la gran aldea por la urbe cosmopolita. Se desarrolla una poesía lírica, el ensayo como género y la narrativa entonces va de lo social, al costumbrismo.
Rubén Darío, surge a comienzos de siglo XX con el Modernismo. Dueño de una nueva estética, elevará el vuelo más alto al que puede aspirar la poesía argentina contemporánea al igual que con Leopoldo Lugones, autor también del primer cuento de ciencia ficción en nuestra literatura.
Germinan por esos tiempos dos líneas de creación: el Criollismo, analista y descriptor del realismo rural y el Sencillismo, como poética de lo popular. Entre estos, aparece el Tradicionalismo de Ricardo Güiraldes.
Para 1940 se ha consolidado la primera generación de la literatura argentina: los Martínfierristas, donde confluyen corrientes representativas intelectuales como la de Florida y la de Boedo.
Por aquellos días, poetas como Arturo Cambours Ocampo, y narradores como Roberto Arlt postulan la reflexión filosófica del hombre y la restauración de la esencia de la argentinidad.
Luego aparece la Generación del 40, que se inspira en lo descriptivo, lo nostálgico y lo memorioso. Los narradores se alinearon en el idealismo con algunos toques urbanos y costumbristas.
Hacia 1950 brota el Neohumanismo, que es una respuesta al nuevo estado del pensamiento de postguerra. En un andarivel corren los vanguardistas y en otro, los existencialistas; más allá, quienes concilian ambas tendencias con un soporte Regionalista. En los narradores encontramos testimonios candentes de la época en la pluma de Beatriz Guido, David Viñas y Marco Denevi. Se percibe, en la mayoría de estos escritores, una fuerte influencia de la poesía anglosajona e italiana.
Entre 1960 a 1990 las influencias son heterogéneas: Sartre, Camus; algunos españoles, como Celaya; y compatriotas como Borges, Arlt, Cortázar y Marechal. Se advierten claramente dos tendencias: el rastreo del tiempo metafísico y la historicidad basada en las convulsiones urbanas y sociales que se viven en Argentina y en el mundo.
Los años setenta, en este sentido, son los más oscuros para la creación intelectual y a la vez los más bellos y desesperados. El signo del exilio o la muerte renuevan el campo de las ideas éticas y estéticas. Por eso la década del ´90 y sus años siguientes señalan el reencuentro de los sobrevivientes de las distintas generaciones, en una coalición intelectual de revisión de valores y textos y un comienzo de siglo enigmático con una revolución hacia las ideas de la conservación de la especie, el ambientalismo y el fatalismo en el cual se ven llegar las nuevas letras.
Aquí estamos frente a la encrucijada de la tecnología, la revolución de las comunicaciones, el hágalo usted mismo, que inspira este blog.
La constante de estos doscientos años de literatura argentina han tenido una misma columna vertebral: siempre se escribió lo que pasaba, en donde pasaba, cuando pasaba. En realidad, se escribe como se vive, a lo cual tenemos que agregarle “de la forma que se pueda”. Pero la realidad necesita de las letras.

Marcelo Urbano

18 may. 2010

Los e-readers o lectores de e-books vienen en auxilio de la literatura independiente.

Comienza a romperse en el mundo el paradigma del libro de papel. La natural resistencia al cambio y el lobby de la industria venían peinando el freno de la evolución de estos dispositivos, argumentando que podría fomentarse el robo de propiedad intelectual, la piratería de obras y razones de preferencia cuya conclusión aparente sería: “nunca se va a poder reemplazar al libro de papel”.

A decir verdad, el “nunca” es mucho tiempo y hay motivos ecológicos que le ponen algunas limitaciones temporales si esta conclusión fuese realmente cierta. La tecnología utilizada en el sentido correcto puede dar solución a la distribución de la literatura que no tiene chances de ingreso al mercado de las librerías y editoriales, en tanto corporaciones de posición dominante en la industria del libro.

Bastaría que la implementación profunda del habeas data, del control estricto del derecho de autor, y una red prolija y transparente de transacciones permita a toda persona publicar sus obras en Internet para quedar disponible a los lectores de todo el mundo y reciba a cambio un digno espacio para expresarse y recibir por esto lo que se ha propuesto, aunque solamente sea el reconocimiento del lector.

Por supuesto que copiar libros, reconvertirlos a formato e-book y comercializarlos es un delito, yo hablo de otra cosa, hablo de que el autor independiente, inscriba su obra en propiedad intelectual y obtenga su código ISBN, cuelgue su producción de un portal, regale o venda sus libros y perciba lo que corresponda por esto. Hablo del derecho a ser difundido y promocionado en las redes virtuales, a poder conversar con sus lectores, recibir críticas y elogios y también obtener su fee por ventas si es que así lo desea.

Hay una esperanza de que cualquier autor exponga en su propia red o comunidad su producción, teniendo procesadores de texto shareware con posibilidad de guardar en formatos epub .pdb .arg .azw .djvu .html .lbr .lit .mobi .opf .pdf .pdg .txt u otros.

Aparecerán las editoriales alternativas, grupos y blogs que facilitarán estas transacciones, porque es la parte mágica que nos depara el futuro, el empowerment, el tomar el destino en nuestras manos y hacernos cargo.

Marcelo Urbano

14 may. 2010

La literatura no es solo papel escrito

La identidad de un hombre de letras no viene formateada necesariamente en el adn. Más bien se forja en una formación personal, en una percepción de las cosas, en una curiosidad natural de ver y describir, lo que uno interpreta cuando ve y, particularmente, de una pasión por las letras. Ocurre como en el fútbol, yo no soy hincha de Racing porque nací así, sino que me formé como tal, desarrollé algunas mañas y costumbres, me apropié de cierta sensibilidad colectiva y me hice, aún a pesar de las difíciles condiciones que esto conlleva y la inexorable capacidad de tolerancia al sufrimiento, hincha del club de mis amores.
Y si bien la pasión no alcanza para definir a un escritor, tampoco sobra con ser famoso o reconocido. Autores hay de los buenos y de los malos, también los hay famosos e ignotos, los hay que crecen con su obra y los hay que quedan chicos frente a la magnitud de lo que producen. Paul Auster es a mi juicio, más chico que lo que ha escrito, Sábato, en cambio, es más grande.
La línea abstracta que aparta al hombre de su producción es motivo de esta nota, por cuanto no existe un formulario que pueda llenar uno para describirse como escritor. He tenido la posibilidad de leer trabajos increíbles que nunca fueron publicados y he leído libros que nunca debieron ser impresos. Porque lo que existe es la fatalidad editorial, uno puede o no terminar sus relatos, sus poesías o sus pensamientos filosóficos prescindiendo perfectamente de la vanidad que atraviesa los anaqueles de una librería.
Se puede escribir por placer, por pasión o por necesidad y ser escritor aunque ni una miserable línea con tu firma aparezca en letras de molde en el lomo de un volumen publicado.
Todos los que escribimos, empezamos pensando en compartir esto con un familiar, luego multiplicamos cuando pensamos en amigos e incluso elevamos a la n, cuando se lo damos con inocente esperanza a un corrector que quizá nos devuelva las hojas con tachaduras y correcciones gramaticales inconfesables, o peor aún, sin una sola corrección porque no hay lugar para tu talento en esta jungla de papel escrito.
Al final, todo era para terminar en el cajón de la mesita de luz o en el fondo de una caja de viejos papeles, a los que le echaremos una ojeada dentro de algunos años, con el estilete crítico de la frustración.
Querido hermano escritor, siéntete literato aunque tus páginas se queden abrochadas en la carpeta oscura del olvido. Lo que nunca debes hacer es dejar de escribir.

Marcelo Urbano