25 may. 2010

Los escritores del Bicentenario

Argentina camina ya pos sus doscientos años de historia y sus literatos son y han sido fiel reflejo de lo que constituimos como sociedad. El origen de la literatura argentina carece de rasgos amerindios que distinguen, por ejemplo, a las letras mexicanas o peruanas. Aquellos primeros cronistas extranjeros como Ulrico Schmidel, del Barco Centenera y Ruy Díaz de Guzmán, fueron los autores de la primera letra funcional a las artes, estrictamente escrita en el suelo argentino.
Por su lado Luis de Tejeda, se transformó en el primer poeta argentino. Las letras de la época colonial o virreinal, sin un estilo definido pero con reminiscencias clásicas, barrocas y hasta épicas, se gestan dentro de un entorno revolucionario en donde la independencia era el leit motiv o motivo conductor.
Con el tiempo aparecen los primero trazos de la literatura gauchesca, el estilo realista; mientras tanto, la madurez intelectual y política comienza a reflejarse en la literatura nacional a mediados del siglo XIX. José Mármol publica la primera novela argentina: Amalia. Entre tanto la poesía se vuelve hacia lo anecdótico y sentimental en Carlos Guido y Spano y Ricardo Gutiérrez. Aparecen las crónicas costumbristas y las históricas, testimoniando el sentimiento de la organización nacional. De pronto nace la generación del´80, como primer indicio de una literatura con identidad propia, cierto toque europeo y un orgullo cultural de Buenos Aires. Las corrientes inmigratorias acentúan el cambio de la gran aldea por la urbe cosmopolita. Se desarrolla una poesía lírica, el ensayo como género y la narrativa entonces va de lo social, al costumbrismo.
Rubén Darío, surge a comienzos de siglo XX con el Modernismo. Dueño de una nueva estética, elevará el vuelo más alto al que puede aspirar la poesía argentina contemporánea al igual que con Leopoldo Lugones, autor también del primer cuento de ciencia ficción en nuestra literatura.
Germinan por esos tiempos dos líneas de creación: el Criollismo, analista y descriptor del realismo rural y el Sencillismo, como poética de lo popular. Entre estos, aparece el Tradicionalismo de Ricardo Güiraldes.
Para 1940 se ha consolidado la primera generación de la literatura argentina: los Martínfierristas, donde confluyen corrientes representativas intelectuales como la de Florida y la de Boedo.
Por aquellos días, poetas como Arturo Cambours Ocampo, y narradores como Roberto Arlt postulan la reflexión filosófica del hombre y la restauración de la esencia de la argentinidad.
Luego aparece la Generación del 40, que se inspira en lo descriptivo, lo nostálgico y lo memorioso. Los narradores se alinearon en el idealismo con algunos toques urbanos y costumbristas.
Hacia 1950 brota el Neohumanismo, que es una respuesta al nuevo estado del pensamiento de postguerra. En un andarivel corren los vanguardistas y en otro, los existencialistas; más allá, quienes concilian ambas tendencias con un soporte Regionalista. En los narradores encontramos testimonios candentes de la época en la pluma de Beatriz Guido, David Viñas y Marco Denevi. Se percibe, en la mayoría de estos escritores, una fuerte influencia de la poesía anglosajona e italiana.
Entre 1960 a 1990 las influencias son heterogéneas: Sartre, Camus; algunos españoles, como Celaya; y compatriotas como Borges, Arlt, Cortázar y Marechal. Se advierten claramente dos tendencias: el rastreo del tiempo metafísico y la historicidad basada en las convulsiones urbanas y sociales que se viven en Argentina y en el mundo.
Los años setenta, en este sentido, son los más oscuros para la creación intelectual y a la vez los más bellos y desesperados. El signo del exilio o la muerte renuevan el campo de las ideas éticas y estéticas. Por eso la década del ´90 y sus años siguientes señalan el reencuentro de los sobrevivientes de las distintas generaciones, en una coalición intelectual de revisión de valores y textos y un comienzo de siglo enigmático con una revolución hacia las ideas de la conservación de la especie, el ambientalismo y el fatalismo en el cual se ven llegar las nuevas letras.
Aquí estamos frente a la encrucijada de la tecnología, la revolución de las comunicaciones, el hágalo usted mismo, que inspira este blog.
La constante de estos doscientos años de literatura argentina han tenido una misma columna vertebral: siempre se escribió lo que pasaba, en donde pasaba, cuando pasaba. En realidad, se escribe como se vive, a lo cual tenemos que agregarle “de la forma que se pueda”. Pero la realidad necesita de las letras.

Marcelo Urbano

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